Coldplay - Viva la Vida (or Death and all his Friends)
June 14th, 2008

Chris Martin es un tipo fácilmente influenciable. O al menos eso asume uno tras ver como lo que originalmente era un título con tres palabras fue cambiado a un quizás menos ridiculo pero definitivamente más pretencioso emulo de ensayo del siglo XIX. Musicalmente no anda tan lejos tampoco, hace menos de dos años emocionadamente proclamaba haber descubierto una banda llamada My Bloody Valentine y hace tres disputaba ser el primero en prestarle atención a los ya relativamente populares Arcade Fire. Pero las historias preponderantes en este cuarto LP no sólo tienen que ver con el engreido cantante, pues este álbum es - aparte de una apuesta por Coldplay de desechar un poco esos himnos que tanto dinero y fama les dieron por un sonido que pretende la ganar credibilidad que les es esquiva - el vellocino de oro para EMI. La única manera que la recientemente comprada disquera Londinense pueda tener ganancias substanciales este año, para ponerlo resumido: El último manotazo de ahogado de Terra Firma.
Martin es conciente de esto, pero como para matar dos pájaros de un tiro esperando que los críticos alaben su ingeniosidad, este disco tiene un concepto detrás: El de un dictador viendo desde el retiro forzado como la revolución toma control de su país… erm, quizás no había necesidad de hacer la historia tan obvia. Es esa misma pretensión la que, acompañada de una blandeza estética repugnante, hacen de Coldplay una banda adorada por las masas pero obviada por la elite, pero eso ya lo sabemos. Musicalmente la consigna es igual o quizás más pretenciosa, tomar influencia de “ritmos latinoamericanos” (entre comillas por obviamente ser un termino tan grande como el territorio que eso abarca) y colocar a Brian Eno como productor.
Pero lo que realmente importa es si logaron salirse con la suya, a lo cual la respuesta es un rotundo no. La misma gente seguirá comprando los discos, la revista Q los proclamará como la banda más importante de los 00’s y el resto de más respetables reseñadores se limitará a citar alguna de las horrorosas y vergonzosas letras de Martin (“Those who are dead are not dead / they are just living in my head” por tomar una perlita en ‘42′) tras resaltar la deuda que los blandos pseudo-bardos le tienen al grupo de Win Butler. Habiendo dicho eso, y para cualquiera que no entienda la mitad de errores garrafales en los mensajes que intentan plasmar, este podría ser un interesante disco con menos ganchos pero más atmósfera, pues por suerte estos deslices no se extienden hasta lo músical. No esperen encontrar un cliché cuando se refieren a la influencia de la “música latinoamericana”, casi imperceptible pero bien restringida (el riff de fondo en ‘Strawberry Swing’ es un buen ejemplo), lo suficiente para no fruncir el ceño en disgusto.
En lo que va de la semana, Coldplay parece haber causado un berrinche, aparecido en un comercial de iTunes y, como era de esperarse, haber vendido suficientes copias para considerarse un éxito relativo. Al fin y al cabo, mientras la gente siga comprando música que, a pesar de todas sus excesivas pretensiones, sale de un lugar con vida (por más intelectual que esta sea, no importa), todo estará bien.
