Film del Año

December 24th, 2007

De ser este otro año no tendríamos mucho de que elegir, pero el 2007 ha visto geniales documentales en la pantalla grande (Joe Strummer, Joy Division), en DVD (Scott Walker) y oh sorpresa, peliculas enteras, de las cuales sale nuestro ganador por una cabeza (colgada) venciendo por poquito a I’m Not There de Todd Haynes…

Dificil tarea la de intentar poner en la pantalla grande a uno de los más enigmáticos e intocables íconos en la historia del rock, además de relatar el paso de los 70’s a los 80’s en una aún turbulenta y desesperanzadora Inglaterra. Pero respiren tranquilos, el trabajo final dice por si mismo que Anton Corbijn era el hombre correcto para llevar a cabo este proyecto. No sólo por la increible neutralidad con la que cuenta una historia que bien pudo haberse convertido en una horrible pelicula nostálgica, si no también por la sobriedad y exactitud en su manera de trasladar su pasado fotográfico a imagenes en movimiento de larga duración. Y si es que había algo en lo que Control no podía fallar era en el tema fotográfico, cada escena parece haber estado milimétrica y fríamente calculada, dándole un aire de melancolía y vanalidad al Macclesfield Inglés al más puro estilo del Free Cinema de Tony Richardson y Karel Reisz, como si este fuese un nuevo film de Woodfall.
Un film sobre Ian Curtis podría ir por muchos caminos, tomar su lado agresivo como lo hizo Michael Winterbottom en 24 Hour Party People, la música y letras que todos conocemos o quizás el lado casero y humano que Deborah Curtis describió en su buen libro Touching From The Distance. Es esta última perspectiva (y teniendo a Deborah como co-productora) la que sirve como base para este film, pero en ningún momento se niega o pone en tela de juicio la integridad del romance que Ian tuvo con la groupie/periodista a medio tiempo Annik Honoré (mediocremente interpretada por Alexandra Maria Lara, quien dicho sea de paso ahora es la pareja de Sam Riley quien hace de Curtis), dándole un toque de neutralidad importante en el desarrollo de la película y un sentido libre de condescendencia a Ian.

La historia es conocida por todos, con detalles que quizás no hayan sido ciertos y cameos de algunos personajes importantes en la historia de Joy Division (incluyendo un John Cooper Clarke arrugado, actuando de si mismo). Pero la manera en la que Corbijn decide relatarla, sin excesos ni saturaciones, es admirable.

Toma una mirada a la cara de Sam Riley para preguntarse si uno quizás esté viendo al clon de Ian Curtis. Toma una película entera para confirmar aquella primera impresión (y el hecho que por momentos también posee un parecido a Pete Doherty). Es que la apariencia física es innegable, pero ciertos perfectamente estudiados manerismos hacen que la actuación de Riley sea envolvente y extremadamente convincente, cambiando conforme el film avanza y mostrando aquella mezcla de sensibilidad con melancolía que se percibe en el poco material videográfico disponible de Curtis. Samantha Morton hace el rol de su vida, encarnando dramáticamente (mas núnca exagerando) al mundano e inocente personaje de Deborah Curtis. Toby Kebbell derrocha comedia como el pintoresco manager de la banda Rob Gretton y Craig Parkinson elude sobreinterpretaciones, mostrando a Tony Wilson como más de uno lo recordará. Reprochable es quizás el trabajo de la banda - descontando a James Anthony Pearson quién también demuestra haber estudiado extremadamente bien a Barney Sumner -, Joe Anderson no llega a capturar el carisma pendenciero de Hooky y Harry Treadaway… pues simplemente no tiene nada que ver con Stephen Morris, reforzando el viejo estereotipo de baterista sin mucho que decir (lo cual, conociendo a Morris, sabemos que no es cierto). Pero esas mínimas deficiencias actorales (o quizás de guión) son suplementadas extraordinariamente bien por las escenas musicales, en las que ellos mismos tocan los instrumentos. Desde ‘Leaders Of Men’ en un pequeño club hasta el ensayo de ‘Love Will Tear Us Apart’, la destreza de las performances son parte de lo que hacen de este un film tan envolvente para cualquiera que conozca su An Ideal For Living de su Komakino.

Anton Corbijn dice que esta película no se trata sobre la música, es simplemente un filme sobre Inglaterra y sobre el amor. Y en realidad tiene razón, no sólo se podría ver a Control fuera de contexto como una película sobre dramáticas relaciones interpersonales, si no que también es una interesante visión de Inglaterra hecha por un extranjero. Desde la escena en la que Deborah e Ian se encuentran sólos en una colina - típica y común en los films del socio-realismo Británico de los 60’s, a la que este film le debe horrores -, hasta las geniales tomas de los barrios de Macclesfield, Corbijn intentó capturar todo lo que él sentía cuando llegaba a lo que se convertiría en su casa por los siguientes 30 años, y vaya que lo logra con sutileza y belleza gracias a sus expertísimos ángulos y el tremendo trabajo del cinematógrafo Alemán Martin Ruhe.

Pero al final del día, es el colectivo el que debe llevarse las palmas. Control es un estupendo film sobre un dificilísimo tema, para muchos la figura de Ian Curtis es intocable, pero Corbijn logra trasladar al personaje y de-mistificarlo de manera remarcable, sin romantizar o exagerar su condición humana en ningún momento. Es eso, la inmortal música, la concisa fotografía, las convincentes actuaciones y el gozo de ver una película en esplendoroso monocromático lo que hacen que Control sea como un film sobre Joy Division siempre debió ser, nada menos que majestuoso.

2 Responses to “Film del Año”

  1. slot casino play

    download play slot play please slot

  2. purchase nolvadex

    nolvadex anabol to nolvadex

Leave a Reply