Discos del Año: Parte II

December 18th, 2007

Mueve el cursor lentamente. Leeeentameeente.

Los inesperados nuevos heroes del Indie Norteaméricano siempre tuvieron un pegajoso talento. Pero suficiente para encaramarse en los charts de Billboard? En el segundo puesto? Hace un año eso hubiese sonado a chiste, pero una simple repasada a Wincing The Night Away es suficiente para reconocer que la instantanedad de The Shins no podia mantenerse como cabeza de ratón por mucho tiempo más. Aquel genial comienzo desde Sleeping Lessons hasta Sea Legs los colocaba allá en los mejores momentos de los Beach Boys, demostrando que de conciso pop está hecho el camino al cielo. Hasta a nosotros nos cuesta aceptar que hubieron 17 discos mejores este 2007.

Comenzando con un soñador tema que parece sacado del soundtrack de Akira, Person Pitch es (junto con Candylion de Gruff Rhys) muestra de que un ser humano puede lanzar dos geniales trabajos en un año. Strawberry Jam de Animal Collective fue un buen LP, pero el tercer disco de Noah Lennox encuentra a Panda Bear en una posición mucho más interesante. Con un recién nacido y viviendo en Portugal, el album tiene de todo, en un formato inteligentemente encriptado y maduro. Las imagenes conjuradas por ‘Bros’ podrían ser prácticamente infinitas, el alegre pop de ‘Take Pills’ podría haber salido de cualquier parte del planeta y ‘Good Girl/Carrots’ podría haber sido compuesta por una persona de cualquier edad. Pero al final, lo que el disco deja es la eterna pregunta infantil por parte del oyente: “Como lo hizo?”.

Una de nuestras primeras reseñas en Enero leía (si es que las reseñas pueden leer): “Oyendo las letras, uno no puede dejar de pensar en cuan bien Field Music logra captar el Zeitgeist actual, vociferando racionalmente las ideas de una generación que es autoconciente en no quejarse por que, al fin y al cabo, no la pudieron tener más fácil. Aunque aún así no puedan dejar de sentirse separados; geograficamente, socialmente, personalmente, los unos de los otros, de sus trabajos, de la televisión y de la música indie. Al fin del día, “Tones of Town” muestra una banda madura, feliz y conforme con su nuevo sonido sin tener que arriesgarlo para conseguir fama.” Y el hecho que sigamos pensando lo mismo dice mucho de este subvalorado disco.

Otra carrera contra el mundo. Contrario a muchos discos de esta lista, este era, en cierta manera, inesperado. Pero una unión de situaciones y personajes, liderados por la guitarra de Mick Whitnall y la producción casi acaparadora de Stephen Street lograron sacar lo mejor de Pete Doherty, como si de una misión épica se tratase. En ‘Delivery’ se encuentra el ahora clásico single Babyshamblesco: caótico, en cierta medida melancólico pero carismáticamente agresivo mientras que ‘The Lost Art Of Murder’ (con una ayudita de Bert Jansch) refina aquella balada Dohertyesca que hace que a uno se le ponga la piel de gallina con su frágil talento. Shotter’s Nation funciona tan bien y en tantos niveles que la anterior banda con la que se asocia al cantante de Babyshambles queda donde merece, en la historia.

Novedoso método de hacer dinero. En retrospectiva y después de hacer un ensayo de 2,000 palabras, puedo concluir que la tan aclamada pregunta existencial que Radiohead hizo a sus fans (“Cuanto vale la música?”) era, desde el punto de vista de sus managers, una manera de lucrar con el inevitable ‘leak’ de su tan esperado séptimo disco. Más que matar a la industria era hacer lo inteligente, aceptar que estaba cambiando. Pero fuera de sus métodos de distribución, In Rainbows era otra conglomeración de sonidos y conceptos admirables por parte de los de Oxford. Cuajando ideas que se les ocurrieron a través de más de 10 años parecía poco esperanzador, pero la manera en la que todas venían a ser parte de un conjunto parecía de fábrica, como si la banda hubiese sellado un arcoiris al vacío sin encontrar ni el principio, ni el final, sólo un camino.

Volviendo al crucial 2003, y tras oir ‘Molly’s Chambers’, se me hacía dificil pensar que dentro de menos de cuatro años, aquellos melenudos y peludos leñadores podrían seguir siendo una banda de rock y no regresar a su Tennessee natal a criar pollos. Mientras que The Hives y The Vines son ahora menos de lo que solían ser, Kings Of Leon han evolucionado notablemente, llenando arenas y proximamente estadios en el proceso. Las giras con U2 y Bob Dylan parecen haber surtido efecto en este gigante disco repleto de olvidables letras pero fotografías musicales de polvo y con olor a petroleo. La introducción de bajo de ‘On Call’ el casi animal grito de ‘Charmer’ y la libertad con la que ‘Fans’ rebota son memorias que seguramente vendrán a la cabeza en años próximos, cuando Kings of Leon sean la banda más importante de los Estados Unidos.

Zach Condon deja los Balcanes por Francia. Mejor dicho, Zach Condon lleva los Balcanes a Francia. El resultado? Una elegante mezcla que hace justicia al nombre y las fotos vintage de su disco The Flying Club Cup. Se dice que producto del desgaste mental y físico que supuso el éxito de su debut, lo cierto es que la concentración y madurez que tiene este segundo sólo podían venir con el tiempo. Orquestrado y arreglado por Owen Pallett de Final Fantasy/Arcade Fire, TFCC es más renacentista que JacquesBrelista, otro disco de aquellos que pertenecen a otra época y que consecuentemente no podrían ser más contemporáneos.

Generalmente, esta lista tiene poco o nada de diferente con otras creadas después de esta (aja! alguien nos está copiando!) y a pesar de haber sido concebida casi a mediados de Noviembre los resultados son muy parecidos a los de, digamos, Uncut o NME (aunque nos duela admitirlo). Pero si hay una excepción es Our Earthly Pleasures, y acá nos seguimos preguntando, por que su recepción no fue tan amable por parte de “los otros medios”? Catalogar a Maximo como “más del montón” es un tremendo error, y es que no sólo las cada vez más literatas y entregadas letras de Paul Smith hacen la diferencia, también el sonido angular de una banda que tanto en edad como en ideas difiere de sus contemporaneos. Los de Newcastle - con ayuda del productor de los Pixies y Foo Fighters Gil Norton – lograron cuajar un conciso y demandante disco que pone la palabra “perfeccionismo” en nuevos niveles.

Los Super Furry Animals lo han tratado todo. Desde Tropicalia hasta electrohardcore, la banda Galesa es una de esas rarezas que nunca se han tomado muy en serio, pero que siempre han estado a años luz de cualquier banda que saque un disco la misma semana que ellos. Hey Venus! es por suerte un retorno al campo pop, después de que los bips de Love Kraft y la euforia de Phantom Power - que si bien es cierto de mediocre tenían poco -, los alejaron de su especialidad: Construir canciones atemporales. Al parecer el publico se alejó de esta joya por la, uhm, horrible carátula hecha por el padre del J.Art Keiichi Tanaami, ya que Hey Venus! no pudo disfrutar ni del 1% del suceso que realmente merece. Ya sea la sermónica ‘Suckers’ o la sesentera ‘Show Your Hand’, si hay algo en lo que este octavo disco de los Galeses falla es en ser demasiado corto.

One Response to “Discos del Año: Parte II”

  1. el broder

    ta madre…

Leave a Reply