Cafe o Te?

October 31st, 2007

Un momento, el nuevo disco del legendario Ray Davies está saliendo gratis con un periodico dominical? A que hemos llegado! Lo que sea que la gente piense de los trucos de marketing, este ha funcionado. Hoy el segundo disco solista del Kink, Working Man’s Cafe, está en miles de estereos y salas del Reino Unido, definitivamente muchos más que las copias vendidas de su tibio debut de hace un año ‘Other People’s Lives’.

Si eres coleccionista, todavía dispones de dos bonus tracks si compras la versión sacada por V2, pero la mayoría ya debe tener la taza llena. Working Man’s Café continúa con el lineaje solista de Davies (aún en pañales) sin tener mucho que ver con su clásico trabajo con los Kinks, cualquiera que haya esperado regresar a los sesenta el anterior Domingo se habrá sentido decepcionado, excepto que haya ido al cierre de las BBC Electric Proms en la Roundhouse de Londres, donde Davies deleitó a los nostálgicos con ‘Waterloo Sunset’, ‘You Really Got Me’ y el inesperado debut de ‘Shangri La’ en vivo.

Pero regresando al 2007, y con temas mucho más oscuros que los usados por los Kinks, lo que tenemos aquí son melodías excelentes y la vieja pero efectiva formula Daviesiana, tan imporante para la música popular Británica. ‘Vietnam Cowboys’ entra de lleno con un típicamente inocente crítica a la globalisación y el track que da título al disco es una visión a la cultura del café y la vida moderna. Y es que el vouyeurismo ha sido una de las cartas más usadas en su carrera, el ver todo el mundo pasar desde la ventana de su café y describir hasta el más minimo detalle con el que más de uno se identifica.

Las literarias descripciones en las letras de Ray siguen siendo parte de este disco, tal vez ejemplificadas en ‘Morphine Song’, la canción que hizo estando en la sala de emergencia de un hospital después de ser disparado en New Orleans. El coro es pegajoso y las cuerdas lo hacen épico, por otro lado las vocales de fondo contrastan con la gruesa voz de Ray, nada menos que euforia y simplicidad al mismo tiempo, todo lo que la música de Ray Davies representa. ‘Imaginary Man’ lo coloca en el mundo actual con una melodía no tan disimilar de los jovenes que ahora le pagan tributo.

Pero la consistencia no se mantiene, la producción es demasiado limpia y hace que el disco no pueda mantener la emoción por mucho tiempo. Los músicos con los que Davies trabajó son simplemente hombres de sesión, no tienen mucha chance para sacar a relucir su técnica y bien podrían ser emulaciones computarizadas. Como siempre, algunos temas cruzan la linea de lo vergonzoso, como la ocurrencia esa titulada ‘The Voodoo Walk’, triste final que nunca debió existir en un catálogo que, a pesar de poseer joyas inauditas, tiene un largo periodo de mediocridad.

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