September 7th, 2007

Para todos los que conocen la trágica historia del ascenso y caida meteorica de Syd Barrett en el mundo del art rock, es generalmente concebido que, entre las primeras genialidades psicodélicas de ‘Arnold Layne’ y el susurro tortuoso de ‘Late Night’, su pico creativo fue The Piper At The Gates Of Dawn. Grabado en los meses anteriores al verano del amor en un estudio lateral a donde los Beatles venían poniendole los últimos toques a Sgt Pepper, este disco (aún cuarenta años después de su salida), se mantiene como uno de los ápices de la música psicodélica Inglesa. Esta repleto con las infanti-poéticas letras de una mente aún no oprimida, pero libre de moverse entre cuentos de hadas y exploraciones cósmicas para regresar a casa para el té.
Nacido justo al fin del boom de blues, el Pink Floyd de Syd (originalmente y mucho mejor llamados The Tea Set), estaban en el lugar correcto y perfectamente diseñados para el nasciente underground. Libres de un (visible) deseo de tener éxito en los charts, también tenian los requisitos para entrar en las casas de los críticos de clase media. Junto con The Soft Machine, forjaron su sonido en los clubes del West End Londinense, para despues ser firmados por EMI y, siguiendo las malas ventas de su primer single ‘Arnold Layne’ (censurado cuando pudo haber llegado al top 20), finalmente entraron en las diez canciones más vendidas con ‘See Emily Play’. Tuvieron suerte que, para ese tiempo, el disco estaba casi completado, por que fue la rápida propulsión al mainstream lo que justamente probó ser una de las causas principales del colapso del pobre Syd. Tours ‘ahorrativos’ mandados por la disquera con otros actos del chart (Jimi Hendrix Experience y otros) reforzaron miedos en el profundamente inseguro artista.
El primer lado abre con el sideral sonido de miles estaciones espaciales entonando nombres de estrellas para meternos de lleno en el territorio freak-out del medio de los sesentas. Lo que siguen son cuentos de gatos, zapatos plateados, unicornios, bicicletas, espantapajaros, gnomos, un raton llamado Gerald y el I Ching. Suena como una horrible marabunda prog, no? Pero alla por el ‘67 y antes de que millones de incautos entren a la puerta de Pink Floyd con pretenciosas obras como The Dark Side Of The Moon o Animals, esto era fresco y novedoso, y lo que es mas, este disco es encantador y sin ningun tipo de pronunciacion estadounidense. Ha sido dicho muchas veces pero no hay calificacion que le cuadre mejor, este fue el Edward Lear de la generacion acid.
Pero tambien esta el hoyo oscuro entre ciertos tracks que muestra el otro lado de Syd, los tonos sci-fi en su guitarra a traves del orbital ‘Interstellar Overdrive’. Esta es la paradoja con Barrett. El podia escribir material pop que podia ser oido con facilidad y quien sabe como hubiese sonado Floyd si se hubiese mantenido, definitivamente diferente. Pero The Piper At The Gates Of Dawn, - 40 agostos despues, en tres discos y con un empaquetado de lujo que contiene los libros de Syd - sigue siendo un testamento de una mente que, por un tiempo, no tenia barreras.
Category: Discos, Snob Vintage
November 12th, 2008 at 1:47 pm
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