Requiem Para Un Casi Dios

August 12th, 2007

“En el principio no había nada, pero era algo divretido ver nada crecer”

El anterior Domingo en la mañana, regresando de un corto viaje, decidí introducir en mis oídos un poco de música que pudiese calmarme (no que haya habido alguna imperativa necesidad), divertirme y fascinarme al mismo tiempo mientras veía paisajes cambiantes pasar por mi ventana. ‘Requiem For An Almost Lady’ fue la casi instintiva desición, sin percatarme que a kilómetros de distancia, el genio indiscutible que había producido tamaña obra de arte estaba dando sus últimos respiros. Curiosamente, desde Noviembre del año pasado - en el que leí una muy buena entrevista que Richard Hawley le hizo a Lee para el Observer Music Monthly - cada vez que escuchaba la música de Hazlewood lo hacía como si fuese la última vez, como si por algún encanto de magia, la muerte terrenal de Lee se llevaría consigo todas aquellas joyas resplandecientes que produjo tanto como solista como con Nancy Sinatra (y muy seguramente otras geniales colaboraciones que aún no he oido). Sería esta misma urgencia la que hizo que, al poner su último disco ‘Cake or Death’ apenas me llegó por el correo, todo el presente panorama musical se hiciera de lado, y tuviese casi llegando al final del año, mi LP favorito del 2006.

Despertando esa ‘mañana de Lunes’ (uno de mis temas favoritos de Lee) y dándome cuenta de lo inevitable, me puse a pensar en el poder de la casualidad, y en cuanta gente habrá puesto un disco del gran hombre en el mismo día de su muerte. Lo lógico era empezar esa mañana con ‘Summer Wine’, o quizás ‘Sand’, o probablemente ‘I’ll Live Yesterdays’; pero quizás por un desliz terminé escuchando un alegre y pícaro tributo instrumental llamado 98% American Mom & Apple Pie 1929 Crash Band y conducido por el mismísimo Lee. De alguna manera, esa bizarra grabación podría ser el mejor tributo a un hombre cuyo irónico humor perduró hasta sus últimos meses.

Pero obviamente, después vendrían los otros (cada uno más sorprendente que otro) discos, comenzando por el triste epitafio de Cake or Death, en el que la combinación de la tierna introducción de su nieta Phaedra en ‘Some Velvet Morning’ y el cierre con ‘T.O.M. (The Old Man)’ es devastador. Siguiendo con su auto-exilio a Suecia en ‘Cowboy in Sweden’, su visión siempre tenebrosa del amor en ‘Love And Other Crimes’ y su era pre-Nancy  con ‘Friday’s Child’, es bastante doloroso saber que, sin la hija de Frank, Lee Hazlewood nunca pudo ser profeta en su propia, queridísima, tierra, y tuvo que mudarse al viejo continente para ser reconocido como sólo él merecía serlo. Y sus semillas no son para nada diminutas, desde la manera en como los compadres Nick Cave, Jarvis Cocker y Richard Hawley adaptaron su ironía y visión por veces perversa pero tierna del amor y otras cosas, hasta los tributos más obvios de parte de ciertos Escoceses - desde el cover de ‘Some Velvet Morning’ por Primal Scream y Kate Moss, pasando por el suceso del dueto de Isobel Campbell y Mark Lanegan, hasta llegar a las más de diez melodías tomadas por Belle and Sebastian (compara si quieres a la, irónicamente, canción de rompimiento entre Stuart Murdoch y la misma Isobel Campbell, ‘Take Your Carriage Clock And Shove It’ con la dulce nostalgia en ‘I’ll Live Yesterdays’ de Lee). No hay duda que sin Mr. Hazlewood no tendríamos mucho de lo que hoy tenemos, incluyendo quizás el propio Rock ‘N’ Roll! en cuyo nacimiento y crecimiento el estuvo presente, tanto como DJ como produciendo artistas y promoviendo el, en ese entonces, controversial género (y después seguiría con la linea de tiempo, lanzando las primeras producciones de un tal Phil Spector).

Después de ‘Me and Charlie’, llega lo más icónico de su carrera, las variadas y geniales colaboraciones con Nancy Sinatra. Algunos covers, otros temas propios, la combinación de inocencia con perversión nunca fue tan llamativa. Escandalizado y vencido por la invasión Británica, Lee anunció su retiro en el ‘64, lo cual, de haberse concretado, habría sido una catástrofe de cantidad inmesurable. Por suerte, uno de los hombres más poderosos de la industria, Frank Sinatra, logró convencerlo para que produjera a su hija. Lee hizo lo que sabía hacer mejor, le compró botas, diseño su imagen y le dijo que cantara como si fuese una niña de 16 años teniendo sexo con dos camioneros. Resultado de esta indecente propuesta, y de cantar en un registro más bajo, fue su primer hit menor: ‘So Long, Babe’ en el que su distintiva nueva voz, el genial bajo de Carole Kaye y la mezcla de country y pop comenzaban con un largo camino que produjo también clásicos como ‘The Last Of The Secret Agents’ (una de las canciones preferidas de un tal Steven Patrick Morrissey’), el proto tweepop de ‘Sugar Town’ y, por supuesto, una de las canciones pop más importantes de todos los tiempos, tanto musicalmente como en cambiar la moda: aquel momento de lucidez llamado ‘These Boots Are Made For Walking’.


Lee Hazlewood - Nancy Sinatra, Some Velvet Morning

Después de escribir otro gran tema para ella y su padre (’Somethin’ Stupid’), el mismo Frank le pidió a Lee seguir produciendo duetos, pero esta vez con su propia voz. Sin tapujos, Lee compuso las mejores piezas de pop con un innuendo sexual remarcadisimo. Mientras Lennon y McCartney se sonrojaban por la linea ‘I’d love to turn you on’ en ‘A Day In The Life’, Lee escribia, de manera despreocupada y sumamente conciente, líneas como ‘Some velvet morning when I’m straight, I’m gonna open up your gate’ mientras que también comenzaba con su era psicodélica, mejor oída en el lado B del espectacular Nancy and Lee con una racha de gemas que van desde la ya mencionada genialidad de ‘Some Velvet Morning’, pasando por ‘Sundown’ y ‘Summer Wine’ hasta la teatral ‘Sand’. Según Nancy, ella llegó a enamorarse de Lee, pero él la trataba como una niña. Después de todo, Hazlewood, a pesar de guardarle cariño a los Sinatra, tenía una agenda propia.

Mudándose a Suecia en el ‘70 e ingeniosamente huyendo de la decadente psicodelia, Lee produjo dos discos por año, siendo el más impresionante aquel pedazo subvalorado de cercana perfección llamado ‘Requiem For An Almost Lady’. Entre pseudo-filósofas observaciones, el “Cowboy en Suecia” logra combinar simples pero sabias letras con melodías más grandes que si mismo, mezclando esa única alquimia de cuasi-góticas vocales y mórbidos temas (’Come On Home To Me’) con una dulzura demasiado enternecedora para un hombre con bigote (Little Miss Sunshine, Little Miss Rain).

Y es aquí cuando me dí cuenta que no sólo sus increibles temas perduran, si no que ahora suenan mucho más urgentes, muchísimo más importantes de lo que solían ser. Y que, por a o b, no hay, ni nunca habrá otro Lee Hazlewood.

“Y al final no había nada, pero creeme, no era divertido esperar que nada termine.”

Leave a Reply