Stranger Music

April 29th, 2007

Lo leí antes de haberlo oído. Con cuantos músicos puedes decir eso? Excepto que seas de la liga de devoradores de booklets, no muchos…

Y es que hay más de uno que podría ser un genial novelista: Morrissey, por ejemplo, a pesar de haber empezado lanzando dos libros antes de ser un Smith, pudo haber sido el Oscar Wilde de nuestros tiempos. Pero cuando hasta Wayne Rooney tiene una “autobiografía” (el auto, por supuesto, comprado) y Jarvis Cocker no, es por que algo anda mal. Será acaso la misma industria la que induce la devoción total por el trabajo? O acaso el desgaste de sacar música Y letras que para más de uno puede ser extenuante?
Cohen logró ser lo que Jim Morrison siempre quizo: Un poeta antes que un cantante (lanzando su primera compilación 11 años antes que su primer disco). Y eso le dió una razón mucho más profunda a su música, que, a pesar de ser técnicamente limitada, llega a formar una unidad inseparable con las historias de monjas, coros de medianoche y amores perdidos.

Aquí nos encontramos, cuarenta años después de que ‘Songs Of Leonard Cohen’ haya salido, para conmemorar… el hecho que las compañias disqueras tienen que re-editar para no perder dinero. Los tres primeros LPs de Cohen están siendo relanzados con cinco bonus tracks, pero esta vez es necesario. Al ver el tributo del año pasado ‘I’m Your Man’ grabado en celuloide hay muchas cosas que resaltan, entre ellas el hecho que Bono es un pobre posero que no sabe donde no meterse y que los artistas rinidendole tributo (excepto los Wainwrights) pasan de la quinta década de sus vidas. No debería ser tan extraño, Cohen mismo grabó su primer disco a los 31 años y parece ser uno de esos artistas que solo pueden ser comprendidos cuando uno vivió mas de lo debido.

‘Songs of Leonard Cohen’ pinta su propio futuro perfectamente, no solo fué muchisimo más popular en el Reino Unido que en Norteamérica, si no que la temática oscura camuflada por historias casi cinemáticas sería revisitada desde angulos distintos en sus otros discos (el resto de los cuales serán re-editados este mismo año). ‘Suzanne’ es prueba de esto, escrita sobre Suzanne Verdal, esposa de uno de los mejores amigos de Cohen. La historia casi tan descriptiva como un libro de Yukio Mishima, pone en paralelo la relación imaginaria entre Leonard y Suzanne con personajes bíblicos. Religión, otra caracteristica de las canciones de Leonard Cohen, quien buscó interminablemente un significado mayor a la vida hasta que lo encontró en un templo zen… pero esa es otra historia. ‘Sisters of Mercy’ es tierna hasta el punto de derretirse ahí en tus oidos antes de llegar a tu cerebro para que puedas pensar de donde habrá salido tanta genialidad para escribir letras tan simplemente conmovedoras.


Leonard Cohen - Isle of Wight 1970

Es esa combinación entre la instrospección y la extropección, entre lo conocido y lo ajeno, lo que hace que las letras del Canadiense den a tantas interpretaciones. Uno de sus temas más conocidos, ‘So Long, Marianne’ da para más de una tesis, pero obviamente el amor y la muerte perman los cinco minutos y medio con visiones que casi se pueden sentir. ‘Hey, That’s No Way To Say Goodbye’ por otro lado, es directa y explícita en su manera de plantear un adiós repleto de arrepentimiento.

Pasarían dos años antes de que el mediocre ‘Songs from a Room’ viese la luz del día. Es cierto, tendrá quizás el tema más conocido de Cohen bajo el nombre de ‘Bird On A Wire’, y para ser sinceros todo el primer lado con ‘The Story Of Isaac’ y ‘Seems So Long Ago, Nancy’ intenta emular los temas y el espíritu de su trabajo pasado con un poco de honor, pero el segundo lado se trae todo abajo.

El tercero, ‘Songs of Love and Hate’ lanzado en 1970 es aún mas oscuro que el debut, esta vez dejando sutilezas por una sincera depresión. La desazón y la incertidumbre cubren los ocho tracks, y en ‘Dress Rehearsal Drag’, Leonard Cohen parece decidido a tomar su propia vida. Por suerte esto nunca llegó a suceder, y ahora, a los 72, parece por fin vivir en paz consigo mismo gracias a lo que él llamó “el neurológico proceso del envejecimiento”.

Nunca faltará un cínico que sostenga que la música no tiene por que ser inteligente, solamente sensible. Pero las letras de Cohen prueban que no hay mejor acompañamiento, que la destreza no sólo es física y que la pluma es tan fuerte como la guitarra.

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